EL MOSCARDÓN DEJÓ DE ZUMBAR
Por: Horacio Corro EspinoSa

Hoy Oaxaca está más pobre. No porque le falte un funcionario. Le falta una voz.
En la mañana, en un puesto de comida del fraccionamiento La Esmeralda, en San Pablo Etla, hombres armados asesinaron a Francisco Alejandro Leyva Aguilar, exdirector de CORTV y autor de la columna «El Zumbido del Moscardón».
Su columna llegaba de madrugada. Mientras la mayoría dormía, Alejandro ya había cumplido con informar. Su última entrega salió hoy, unas horas antes de los disparos.
22 de julio, su columna llegó. Lo que ya no llegó fue él.
No es un hecho aislado. Ocurre en un estado donde informar se volvió una actividad de alto riesgo. Y ocurre después de que él retomara denuncias públicas sobre la presunta infiltración del crimen organizado en Santa Catarina Juquila. Será la autoridad quien determine si hay o no relación entre una cosa y otra. Mientras tanto, un hecho queda: mataron a un periodista, y Oaxaca vuelve a ser noticia por la violencia contra quienes informan.
El Gobierno del Estado condenó el crimen mediante un comunicado. Era lo que correspondía. Pero hay algo más que recordar. Desde el poder se ha descalificado en distintas ocasiones a periodistas críticos. Y el trabajo de Alejandro Leyva estuvo enfocado, precisamente, en cuestionar a ese gobierno.
No afirmo que una crítica oficial sea responsable de un asesinato. Decirlo sin pruebas sería irresponsable. Lo que sí afirmo es que estigmatizar al periodismo debilita su protección. Las palabras de un gobernante pesan. Pesan más cuando vienen de quien concentra el poder en el estado.
El resultado está a la vista. Hoy muchos periodistas en Oaxaca escriben con miedo. Otros prefieren callar. La autocensura dejó de ser una decisión editorial y se volvió un mecanismo de supervivencia.
Cuando un periodista deja de investigar por miedo, pierde la sociedad entera. El silencio nunca protege al ciudadano. Protege a quien no quiere ser exhibido.
Alejandro Leyva no escribirá mañana. Las preguntas siguen ahí.
¿Quién lo mató? ¿Quién lo ordenó? ¿Y qué garantía real existe para que el siguiente no sea otro?
La libertad de expresión no se defiende con comunicados de condolencia. Se defiende con investigaciones rápidas, independientes y transparentes. Se defiende encontrando a los responsables y llevándolos ante un juez.
Porque mientras matar a un periodista siga siendo una posibilidad en Oaxaca, nadie puede decir que aquí la verdad camina libre. La respuesta le toca a usted, gobernador Salomón Jara Cruz.
