EL PERIODISTA DE RATOS LIBRES
Por: Horacio CORRO ESPINOSA

Alejandro Murat Hinojosa quiere ser periodista. Así, de la nada, como quien se cambia de camisa.
El hombre que no supo gobernar Oaxaca ahora anuncia que va a analizar el fondo de la noticia. Del fondo de las arcas públicas no dijo nada. Pero ya habrá tiempo.
Mi lectura, y la ofrezco como lo que es: Murat es priista de tuétano. Tricolor hasta la médula. Nació en ese partido. Creció en él. De ahí salió todo lo que tiene.
Pero los vientos cambiaron. Y quien tiene ese apellido y ese historial necesita sombra. Así que se hizo morenista. No por convicción. Por techo. Camaleón de manual: cambia de color según la pared donde se pare.
Y como las paredes se acaban, ahora quiere tener otro oficio. Siempre político, y en sus ratos libres periodista. No tienen nada que ver una cosa con otra. Aunque bien visto, un oficio exige preguntar y él se dedicó a no contestar.
Habría que recordarle cómo hizo su campaña. Con un desconocimiento total de Oaxaca. Ni los nombres de las poblaciones conocía. Creyó que gobernar era seguir la ruta del mapa del celular. Pensó que se podía amanecer en la Cuenca y cenar en la Mixteca. O pasar de la Costa a la Sierra Mixe en una tarde. Nada más porque el celular marcaba tantos kilómetros.
El celular no le avisó de los caminos, ni de los derrumbes, ni de las curvas ni de los baches ni de las horas.
Hoy anuncia que revisará fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas.
Las amenazas. Esa palabra me detuvo.
¿Qué amenazas va a analizar el señor Murat? Dudo que sean las que enfrentan los periodistas.
Se lo digo por experiencia propia.
El 18 de diciembre de 2015, Murat todavía era director del Infonavit. Asistió al informe del presidente municipal Luis de Guadalupe Martínez. Casi al terminar el evento, trabajadores del ayuntamiento y policías municipales me agredieron. Me golpearon.
Y Alejandro Murat estaba ahí. Lo vio. No hizo nada.
Al día siguiente pedí espacio en tres estaciones de radio para denunciar lo ocurrido. En las tres estaciones, unos minutos después de mi llegada, apareció el director del Infonavit. Sin avisar a mis compañeros. Tres veces entró con la cabeza agachada.
Él estuvo presente donde se me daba voz. Y yo perdí el lugar. Mis compañeros conductores me ofrecieron su disculpa al aire por no entrevistarme.
Tengo los videos de la agresión y la denuncia está presentada ante la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca.
Después fue gobernador. Y durante su sexenio hubo agresiones a la prensa.
Que no venga ahora a fingir empatía.
Cuando Murat salió de una reunión con López Obrador en Palacio Nacional, un periodista le preguntó si sabía que una mujer había sido quemada con ácido. Murat respondió sin que nadie señalara a nadie: quien la mandó a quemar era Juan Vera Carrizal. Nombre y apellido, sin acusación de por medio, sin juicio. Ese hombre sigue preso ilegalmente. Lo convirtió en preso político. No tiene cargos ni carpeta.
El que ahora quiere analizar el fondo de la noticia, ya soltaba veredictos en la puerta de Palacio.
Tampoco conviene que se ponga a analizar nada. Quien no analizó ni la frase de Benito Juárez que tenía enfrente. Tuvo que voltearse en plena cámara para leerla en la pared. Ese hombre difícilmente va a descifrar el fondo de una noticia.
El periodismo exige tres cosas: dignidad, calle y memoria.
La dignidad no se improvisa. La calle no se recorre con un mapa en el celular. Y la memoria, señor Murat, la tenemos nosotros.
Todo esto se lo comento hoy, por si hace falta.
