DETRÁS DE LA NOTICIA

ESTALLA PROTESTA NACIONAL DE MÉDICOS Y ENFERMERAS DEL IMSS E IMSS BIENESTAR

Por: Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR/Revista MUJERES

CRISIS DE SALUD POR AUTORIDADES QUE CONTRATAN MÉDICOS CUBANOS

  • Médicos y enfermeras denuncian graves carencias y salarios indignos; pacientes y familias pagan las consecuencias de un sistema nacional de salud que no da atención a los enfermos.
  • Si la crisis sanitaria afecta a pacientes, familias, trabajadores y futuros profesionales de la Medicina, ¿por qué no convertimos esa preocupación compartida en una exigencia social más amplia?

La protesta de trabajadores del IMSS, IMSS-Bienestar ya es nacional. Y cuando médicos y enfermeras de distintas partes del país salen a las calles para denunciar la falta de medicamentos, material de curación, equipo quirúrgico y personal, la pregunta ya no es si existe una crisis en el sistema de salud: la pregunta es qué están esperando las autoridades para reconocerla y asumir sus responsabilidades.

En la pandemia médicos y enfermeras eran héroes, salvando vidas, ahora que necesitan apoyo para seguir haciendo su labor, tienen que recurrir a las marchas y protestas porque la gente tiene amnesia y el gobierno les castiga sin insumos, sin equipo, sin material y sin medicamentos.

Sin embargo, el gobierno de México ha pagado aproximadamente 2,019 millones de pesos por traer, distribuir, mantener y contratar los servicios de médicos cubanos a través del IMSS-Bienestar entre 2022 y 2025, dinero que debiera ser destinado a contratar médicos mexicanos.

Así que, los médicos, enfermería y personal de salud que está en las calles, llenando las plazas públicas, alzando la voz, también lo hacen por ti, porque tengas un tratamiento digno, para que te cures, para que vivas, ya sea tú o tus hijos, o tus padres, o tu familia.

Las denuncias son contundentes: unidades médicas que enfrentan carencias, pacientes que deben comprar de su bolsillo insumos que no reciben y procedimientos quirúrgicos que se posponen mientras el deterioro de la atención aumenta la incertidumbre y el sufrimiento de las familias.

No estamos ante una simple diferencia entre trabajadores y administradores. Estamos ante un conflicto que pone en el centro el derecho a la salud y exhibe la distancia entre las promesas oficiales y las condiciones que, según los manifestantes, enfrentan cotidianamente quienes atienden a los enfermos.

Cuando el personal sanitario tiene que protestar a escala nacional para exigir condiciones indispensables de trabajo, las autoridades ya no pueden esconderse detrás de comunicados, explicaciones burocráticas ni discursos sobre la transformación del sistema. Tienen que responder con datos, decisiones y resultados verificables.

La magnitud de las denuncias obliga a exigir una respuesta pública, puntual y transparente: ¿qué está fallando en el abastecimiento?, ¿dónde faltan trabajadores e insumos?, ¿cuántos pacientes esperan una cirugía?, ¿quién debe corregir cada deficiencia y en qué plazo?

La protesta nacional debería encender las alarmas de todas las instancias responsables. Porque cada medicamento que no llega, cada intervención que se aplaza y cada insumo que una familia debe comprar representan una carga que no puede normalizarse ni trasladarse indefinidamente a los ciudadanos.

No menos preocupante son las tentaciones autoritarias de continuar reprimiendo a los manifestantes, como lo han hecho los granaderos del gobierno de la Ciudad de México, ahora, con elementos del Ejército, pues hay fotografías de soldados disfrazados de médicos para reventar la marcha en la capital del país.

OAXACA: LA PROTESTA TAMBIÉN NOS INTERPELA

Ayer, al participar en familia en apoyo a la marcha de médicos y enfermeras del IMSS e IMSS-Bienestar, nos asaltó una segunda preocupación: la limitada solidaridad ciudadana que observamos durante la movilización.

Nos llamó la atención no ver una presencia más amplia de familiares de pacientes que padecen dificultades para recibir atención, de médicos de otras instituciones, de catedráticos y de estudiantes de Medicina de las universidades de la capital oaxaqueña.

Especialmente significativa nos pareció la ausencia de una participación más visible de nuestra gloriosa Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, la UABJO, cuya tradición de compromiso social forma parte de su identidad histórica.

La pregunta es inevitable: si la crisis sanitaria afecta a pacientes, familias, trabajadores y futuros profesionales de la Medicina, ¿por qué no conseguimos convertir esa preocupación compartida en una exigencia social más amplia?

La responsabilidad principal de resolver las carencias corresponde a las autoridades. Pero la vigilancia ciudadana, la solidaridad y la exigencia pública son indispensables para impedir que las denuncias se pierdan en el laberinto de la burocracia.

La protesta nacional ya puso el problema sobre la mesa. Ahora corresponde exigir respuestas concretas, también en Oaxaca.

alfredo_daguilar@hotmail.com
director@revista-mujeres.com
@efektoaguila

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