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LA COBARDÍA DISFRAZADA DE CONGRUENCIA

Por: Horacio CORRO ESPINOSA

Hay una sentencia antigua que no pierde ni un gramo de fuerza: a los tibios los vomita la boca de Dios. Y en la política de Huajuapan, la tibieza no es ninguna virtud. Es un negocio redondo, una pose muy rentable que algunos dominan a la perfección.

La semana pasada, el regidor de Educación, Enrique Camarillo, nos regaló una exhibición lamentable de esta conveniencia. El señor subió un video a sus redes sociales para presumirnos que se lavó las manos con agua y jabón. Se abstuvo de votar la ampliación de dos millones de pesos. Dos millones que se van a usar para reubicar los eventos de la feria más importante de la Mixteca.

—El motivo de mi abstención, dijo, es por congruencia. No voté a favor del pasado presupuesto y hoy me abstengo a la ampliación del mismo— justificó muy campante frente a la cámara.

Hay que tener la cara muy dura para llamar congruencia a la cobardía. Póngase a pensar un momento. Si el presupuesto original era malo para el municipio, su obligación como representante popular era votar en contra. Si regalarle dos millones más al capricho festivo de la administración es un derroche de dinero público, su deber era oponerse de frente, sin rodeos.

Abstenerse no detiene el golpe. Abstenerse es hacerse a un lado, agacharse para que el golpe pase por encima y el dinero se apruebe sin que el lodo le salpique los zapatos. La neutralidad ante el abuso siempre termina beneficiando al abusador.

No hay manera de adornar eso. Piensen ustedes en lo más lamentable de todo este asunto. Miren el membrete que cuelga en la puerta de su oficina. Dice claramente: regidor de Educación. Es el funcionario encargado de velar por la formación de las niñas y los niños huajuapeños.

¿Qué lección le está dejando a las nuevas generaciones? A los niños hay que enseñarles valor civil desde chiquitos. Hay que mostrarles con el ejemplo, que la función pública exige tomar posturas firmes, defender a la gente de la calle y llamar a las cosas por su nombre. Enseñarles que la tibieza es un refugio aceptable, es una miseria moral absoluta.

Mientras tanto, la realidad nos revienta en la cara. Huajuapan se cae a pedazos todos los días. Faltan luminarias en las colonias. Las calles son un muestrario interminable de baches. La seguridad es apenas un chiste, una ilusión que se rompe a la primera llamada de auxilio.

Pero para la feria, para el espectáculo, para el relajo, el chupe y el ruido, siempre hay millones disponibles en la caja del municipio. Siempre. Los regidores que deberían ser el contrapeso, los que tendrían que poner un alto, prefieren la comodidad de la tibieza.

Cree el regidor que abstenerse lo libra de toda culpa histórica. Se equivoca de principio a fin. Su silencio, su inacción, permite el saqueo del erario a plena luz del día.

Cada regidor cobra un sueldo jugoso pagado con los impuestos de la gente. Cobran para tomar decisiones difíciles, no para sentarse en una silla a mirar el techo. Pero si al regidor Camarillo le tiembla el pulso para votar en contra de un gasto inútil, el puesto le queda demasiado grande.

La próxima vez que este señor intente darnos lecciones de congruencia usando un filtro de video, ojalá recuerde algo elemental. El silencio también es una forma de complicidad. Y de esa tibieza disfrazada de principios, en Huajuapan ya estamos hasta el gorro.

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