LAS INCLEMENCIAS DE ALBERTO LUNA
Por: Carlos CASTELLANOS ALCÁZAR

Lo que no se concibe es que el señor Alberto Luna López, “predicador de la palabra de Dios”- haya irrumpido con tenebroso escándalo la memoria y el silencio de luto en la ceremonia y actos litúrgicos por la partida de mi hermano, Miguel de los mismos apellidos- alegando herencias de los abuelos con improperios e injurias procaces-
Un escándalo que rompió con la devoción de los deudos y hecha por tierra los sentimientos de dolor y pena en la ceremonia de velación de cuerpo presente de mi carnal, el pasado 28 de julio sin que hasta el momento haya un desagravio- todo por la disputa de un predio intestado- que el trata de adjudicarse con documentos falsos y por la vía de la invasión. Él no es heredero. Los derechos son de mis sobrinos, entre estos- su esposa, pero es el- quien prende la mecha de la ilegalidad y la ambición, el que provoca la violencia y polariza los ánimos de la sagrada familia.
El predio está intestado y en juicio jurídico en el que participan los herederos en derecho, hasta que los judiciales, den su dictamen- por lo que el citado, debe esperar- sin embargo- tiene malas intenciones legaloides, que rayan en la corrupción y por tanto- cae en la injuria, amenazas, irreverencias, deshonra y quebrantos- que no van con la dignidad de un religioso, que solo provoca indignación y el rechazo social.
La irrupción en el velorio fue una irreverente falta de respeto a los sentimientos de la naturaleza humana en su etapa de luto y condolencias- que por supuesto, rompió con la liturgia sacramental y el misticismo doctrinario de los seres en estado de dolor y pena. Fue un sacrilegio o profanación- que es lo mismo- a la memoria del difunto en transición de la vida física al estado espiritual- justo cuando rendía honores al sagrado redentor.
Hizo uso indigno de las doctrinas respetables como lo es el honor y el respeto a los fieles difuntos. Violó, deshonro, quebranto, macillo, manchó, envileció y denigró al ser humano en su descanso eterno, Haya él y sus desagarres, quebrantos y caprichosas intenciones, que no van con las premisas de la sociedad.
Trastocar un velorio para llamar a la violencia con desmanes, insidias, amenazas y tribulaciones en mi contra y de mi familia, no es lo esencial- atenta contra los derechos humanos como ocurrió en la ceremonia luctuosa- gritando como orate: ¡no quiero ver a mi tío Carlos porque si lo veo lo corro, aquí es mi casa!, que no es su casa- refiriéndose al predio intestado.
Así gritaba en tono esquizofrénico con amenazas y advertencias de perdona vidas, así he recibido muchos improperios de altos riesgos- que ya constituyen delitos penados por la ley- y todo porque no estoy de acuerdo con él en sus maniobras- por adjudicarse del predio intestado y por ser factor de imparcialidad en los derechos de mis sobrinos, que van en ley conforme a derecho si prejuicios, fobias ni filias.
Alberto, sobrino político- no caigas en la desventura, deja a tus compinches tóxicos- te invito a la reconciliación, a la paz, al reencuentro de las buenas actitudes, a la templanza, al criterio logístico y a dejar esos perfiles perversos que te inducen a la ilegalidad. Estar de acuerdo contigo es estar en favor del cártel del despojo y ese no es el camino ni la vía del respeto a los derechos humanos. Deja que la ley haga su juicio.
