LLAMADA ANGUSTIOSA
Por: Carlos CASTELLANOS ALCÁZAR

La esperada llamada telefónica de lo que será la conversación del presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump y la Ejecutiva de México, Claudia Sheinbaum- con el tema de los aranceles del 25 por ciento a los productos mexicanos mantiene a estos países y al orbe en un estado de angustia, especulación y zozobra.
Esto luego de que el gobierno de EE. UU- puso en vigencia la carga tributaria a los productos- que México exporta al país del norte y asimismo la técnica maniobrera para amedrentar al gobierno mexicano a fin de que se sujete a las órdenes ejecutivas del mando republicano para frenar el tráfico del fentanilo- que lo zares mexicanos hacen llegar a los gringos viciosos.
Los aranceles entraron el vigor el 4 de marzo del presente año despertando una serie de prejuicios y suspicacias- sin embargo, esta situación se definirá en el transcurso de la consabida llamada telefónica a realizarse el jueves 6 de marzo del presente año- que tiene en ascuas a los gobiernos latinoamericanos y países afines con la política económica y tratados comerciales.
En este caso, la presidenta, Sheinbaum está en espera de una reacción positiva del gobierno de EUA- con la esperanza de que su homogéneo haga una consideración y dé marcha atrás a la imposición de los aranceles o cuando menos- haya algunos ajustes, arreglos y consideraciones- que no estrangule la economía mexicana, aunque las pérdidas serían para ambas naciones, pues esto causaría fenómenos inflacionarios- que también afectarían a las naciones correlacionadas en materia comercial y de transición en sus economías.
Claro, va en desventaja la presidenta de los mexicanos con pocas cartas y planteamientos eficaces, ate la violencia y trasiego de las drogas y presunta complicidad con los cárteles, casi con cierta especulación y falta de técnicas y procedimientos de solución, incluso con aventuras que pueden ser contraproducentes como la convocatoria de llamar a los mexicanos a un mitin masivo en el zócalo de la ciudad de México para convocar a la unidad en la defensa de la soberanía nacional.
Desde luego que es la última instancia que tomó la presidenta para amainar su responsabilidad en el caso que la definición de la llamada telefónica sea contra producente a los intereses de los mexicanos, además de ser una afrenta política al mandatario estadounidense quien se pitorrea de las medidas de nuestro país- que carece de recursos y propuestas contundentes, pues a Trump no le interesa la reivindicación social, solo declarar la guerra y la supremacía del poder, afectando los sistemas comerciales.
No hay contrapeso político de los países afectados para frenar la ambición del capitolio estadounidense, lo piensan dos veces, oponerse contra la potencia mundial de los gringos ante la locura de un gobierno grosero que trata mal a sus vecinos sin importar que México es su principal socio comercial- hasta tratar de cancelar el tratado comercial el T-MEC, entre México, EUA y Canadá-
La presidenta debe actuar con sigilo como estadista y no como contestaria, ni con ánimos aventureros- con toda la responsabilidad y las facultades que le confieren los mexicanos; es ella- la que tiene- que resolver los agravios a los mexicanos, en todo caso- un acuerdo con su gabinete y no la efervescencia, menos- la incitación del colectivo mexicano- que puede ser manipulado y acarreado a la concentración masiva del próximo 9 de marzo- disque para tomar determinaciones-
No es entonando el himno nacional – ni invocando a los símbolos patrios, que sí bien- son nuestros emblemas- se merecen el respeto patriótico- y lo sabemos- que la hecatombe entre EE. UU y México- se resuelve con inteligencia, razonamiento, lógica y buenos planteamientos- es decir- con sabiduría- y no con muchedumbres que tendrán alto costo político y económico de miles de millones de pesos para comprar conciencias- que solo se negocian en gobiernos populistas.
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