El Zumbido del Moscardón

NI UNO MÁS

Por: Alejandro Leyva Aguilar

Fredid Román fue ASESINADO en el centro de Chilpancingo en Guerrero, ahí en el estado gobernado por la hija de un violador, justo después de su última columna llamada “la Realidad Escrita” cuyo último título fue: “Crimen de Estado sin Culpar al Jefe”, en la que escribió temas relacionado con inconsistencias sobre el caso Ayotzinapa que tiene en la cárcel a Jesús Murillo Karam.

Fredid es el quinceavo periodista ASESINADO en lo que va del año y todo parece indicar que le quitaron la vida, no por hechos ilícitos o por estar involucrado en oscuras pretensiones, sino simple y llanamente por su actividad como comunicador.

Lo mismo pasó con los otros 14 compañeros que han perdido la vida en este año, incluso algunos de ellos, denunciaron en la mañanera las amenazas de las que fueron objeto y, a pesar de contar con medidas de protección, fueron asesinados sin piedad.

No es casualidad la muerte de nuestras compañeras y compañeros. Cuando asesinan periodistas y a tantos como en estos meses de 2022, quiere decir que algo grave está pasando con la gobernabilidad en México, porque los asesinatos se suceden en todos los estados de la república y todos tienen que ver o con el narcotráfico o con los excesos del poder político.

Fredid tocó temas muy sensibles en Guerreo, sobre todo relacionados con el ex gobernador -amigo del peje hay que decirlo- el entonces perredista Ángel Aguirre Rivero y con el matrimonio Abarca-Pineda, también amigos del hoy “presidente”, así en minúsculas y entre comillas.

Esas fibras en gobiernos autocráticos y autoritarios como el que ejerce Evelyn Salgado y su padre Félix Salgado Macedonio allá en ese estado donde desaparecieron misteriosamente aún, 43 normalistas de la Isidro Burgos de Ayotzinapa, alma máter de la guerrilla en México, puede costarte la vida y a Fredid Román, le costó.

Sin embargo los periodistas, que somos muchos y más consientes que los jilguerillos del peje, no podemos dejar que estos asesinatos, también asesinen a la Libertad de Expresión, debemos procurar que la verdad siempre salga a la luz, aunque de por medio vaya nuestra vida misma, como lo hicieron los 15 compañeros.

A ellos nos debemos. La sangre que derramaron las balas asesinas de la impunidad y de la intolerancia, debe ser nuestro acicate para investigar, documentar y desenmascarar las irregularidades de este gobierno, los excesos de los políticos, los negocios de estos con los señores del narco, en fin, debemos informar a la sociedad lo que realmente está pasando en este México masacrado.

Debemos de ser muy puntuales en señalar que “los abrazos, no balazos”, no es una estrategia, sino una ocurrencia que ha costado la vida de cientos de miles de personas en nuestro ensangrentado país y 15 de ellas han sido periodistas que documentaron la barbarie de un sistema ineficaz y totalitario.

Si debe existir una transformación en México, no es la concebida desde Palacio Nacional donde desvaría un loco, sino una transformación de las conciencias, donde los librepensadores como nuestros compañeros periodistas, marquen con colorada y dolorosa sangre, la infame realidad de nuestra patria mutilada por la indolencia.

Las muertes de Fredid Román, Juan Arjón, Ernesto Méndez, Antonio de la Cruz, Yesenia Moliendo, Sheila García, Luis Enrique Ramos, Armando Linares, Juan Carlos Muñiz, Jorge Luis Camaro Zazueta, Heber López Vásquez, Roberto Toledo, Lourdes Maldonado, Margarito Martínez y José Luis Gamboa Arenas, no deben, ni pueden quedar impunes.

Y si el Gobierno Federal o los estatales no hacen nada por resolver estos crímenes, el mejor homenaje que les podemos hacer, es NUNCA QUEDARNOS CALLADOS, porque podrán matar a las personas, pero JAMÁS LAS IDEAS Y LAS CONVICCIONES

@leyvaguilar
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